Incógnitas…

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Yo en la II Carrera Parque Tamarguillo (a la derecha de la imagen, con la banda verde en las mallas)

Cuando practicas deporte como aficionado (salir a correr o ir en bici), lo puedes hacer dentro de dos macrocategorías: entrenar o ir a carreras y competiciones.

Los sentimientos y motivaciones que se esconden tras cada sesión de entrenamiento son muy diversos: para mejorar o mantener tu figura, evadirte de tus problemas cotidianos, sentirte bien contigo mismo, porque es algo te gusta y tanto tu cuerpo como tu mente te lo piden, para matar el tiempo o incluso por alguna razón médica. Ésta es la parte del deporte que requiere mayor dedicación y constancia. Aquí eres libre de escoger modo, tiempo, lugar y esfuerzo a realizar. Lo maravilloso de entrenar es que aquí todo es sinceridad, pues sólo te tienes a ti mismo como juez y aunque intentes hacer trampas o ignorar los mensajes que te manda tu cuerpo, en el fondo sabes qué defectos tienes, qué sitio te corresponde y lo que puedes esperar.

Ir a carreras supone ir un paso más allá: son un estímulo en sí mismas, un reto, un desafío y una demostración personal. Aquí aunque estás acompañado de más personas, sigues estando solo, es una soledad diferente. Las marcas dan igual, porque tú eres quien tiene que valorar tu grado de satisfacción, teniendo en cuenta tu rendimiento, el esfuerzo realizado y cómo has superado eventuales contratiempos. Normalmente las carreras te sirven para mejorar no ya deportivamente sino mentalmente. Te demuestran de qué pasta estás hecho, cuánto te puedes esforzar para lograr tu objetivo, cuánto dolor puedes soportar y cuál es tu verdadera fuerza: la psicológica.

Me encanta correr y “competir”. Lo pongo entre comillas porque al nivel que yo hago deporte no es digno de ser llamado competición, pero me gusta cómo suena. El título de esta entrada se llama incógnitas y a lo mejor os habéis preguntado por qué. He aquí la respuesta: cuando vas a competir tienes mil incógnitas dentro de la cabeza: cómo responderá tu cuerpo, si has entrenado adecuadamente, si hay aspectos que podrías haber mejorado, si el material que tienes es el correcto, si tienes un dolor si se pasará o irá a más, si estás ante un reto nuevo cómo será enfrentarse a lo desconocido, si llegarás el último, si hará buen tiempo el día de la carrera, cómo será la dureza del circuito, etc. Tener tantas dudas, incógnitas y preguntas sin respuesta, es una situación un poco incómoda pero que al mismo tiempo me gusta y me parece algo positivo: te demuestra que estás vivo, te mantiene despierto, atento, te obliga a improvisar, a adaptarte, a no saber qué esperar y eso, ESO amigos míos es un entrenamiento de verdad para lo que es la vida. La vida es enfrentarse a diario a problemas y hallar soluciones, y yo en el deporte he encontrado una manera de prepararme mejor ante lo desconocido y la adversidad.

Es en estos momentos de mi vida cuando he empezado a comprender las cosas que me decía hace tiempo un buen amigo mío, Alejandro Rivera (un crack del Windsurf), sobre lo que el deporte implica para la vida de las personas. Lo implica todo y es la base para la vida.

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Ricardo Sánchez Baamonde

Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla. En mis ratos libres soy blogger, triatleta popular, redactor en Triatletas en Red y colaborador con el Club Triatlón Isbilya - Sloppy Joe's.

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