Obsolescencia programada en el deporte

Se denomina obsolescencia programada u obsolescencia planificada a la determinación, la planificación o programación del fin de la vida útil de un producto o servicio de modo que tras un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño de dicho producto o servicio éste se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible.“- Wikipedia.

La obsolescencia programada comenzó a llamarme la atención hace un par de años tras ver un par de documentales que emitieron por televisión. Lavadoras, coches, ordenadores… Todo está pensado para romperse obligándonos a mantener la cadena de consumo. Es muy posible que oigas decir: “Tengo un lavavajillas que me compré hace 25 años, aún funciona y sólo se ha estropeado una vez. En cambio, el frigorífico que me compré el año pasado ya ha tenido que ser reparado en más de una ocasión”.

La industria del deporte no es ajena a nada de esto y lanzan agresivas campañas de marketing, en las que parece que con cada temporada nueva reinventan la rueda, dejando completamente desfasados a sus productos del año anterior. Ello nos obliga a cambiar si no queremos quedarnos sin estos avances. Hay dos cosas que son completamente ciertas:

  1. En los últimos 15 años la industria del deporte se ha visto completamente revolucionada con la mejora de las tecnologías.
  2. Llega un momento en el que tales “mejoras revolucionarias” son simples campañas de marketing y frente a eso hay que tener muchísimo cuidado.

Digo esto último porque a pesar de las últimas y avanzadísimas zapatillas que anuncian hoy en día, la verdad es que antes de eso ya se corrían maratones y de forma sobresaliente además. Antes de la incorporación del carbono a las bicicletas, los ciclistas subían también por los Alpes yendo no sólo con bicis de acero, más pesadas y con menos desarrollos sino además por carreteras sin asfalto. Lo expongo así porque en muchas ocasiones parece que si usas X o Z irás tan rápido como el viento y llegarás a sitios hasta ahora imposibles para el ser humano. Ninguna revolución es tal en estos momentos como para que eso llegue a pasar. No te dejes engañar, las mejoras grandes las experimentas tú con tu entrenamiento.

Ahora bien, un producto más allá de las revoluciones ¿Cuánto está pensado para durar? ¿Cada cuándo hay que renovar el arsenal de material? Todo depende de a qué nos refiramos, qué calidades tenga y de cómo lo cuidemos. Ahora voy a compartir contigo una serie de elementos que conviene cambiar cada cierto tiempo y de los que tienes que estar un poco pendiente:

Ciclismo

Los bidones, especialmente los de plástico, son algo que hay que cambiar cada cierto tiempo. Depende mucho de la calidad del producto en cuestión pero yo los cambio como mucho tras año/año y medio de uso. Son algo bastante barato de adquirir y a largo plazo estos cambios hacen que tu salud no se resienta.

Normalmente cuando compras un bidón, al principio sabe a plástico, pero lavándolo concienzudamente con Fairy o Mistol, utilizando bebidas azucaradas (como Powerade, Acuarius o Gatorade) o incluso agua con limón hace que dicho sabor desaparezca. Si tras un tiempo de uso el sabor persiste, o tras muchos usos éste termina volviendo, yo que tú tiraría el bidón. No por nada, sino porque éste es de mala calidad y lo que estás haciendo es tragarte partículas de plástico y eso muy sano no es.

La cadena es uno de los grandes olvidados en las bicicletas. Sin ella no te puedes mover y si se parte en plena ruta te puede amargar el día. Hay muchos baremos para determinar cuándo cambiarla (para ello te dejo este enlace) aunque yo he oído que a los 2000 Km de uso, la vida útil de una cadena llega a su fin. Una cadena desgastada no sólo hace que corras un mayor riesgo de rotura, sino que además el cassete se gasta más y al tiempo te ves obligado a cambiarlo también.

El casco de una bicicleta ha de ser cambiado al menos cada 5 años si éste es de buena calidad. Las protecciones pasado ese tiempo dejan de cumplir su función (al menos con todas las garantías). Aún así si antes notas desperfectos lo mejor es que lo cambies antes. Ante esto último que he dicho pensarás “¿En serio? ¿Por una pequeña aboyadura voy a tener que cambiar el casco entero? Yo paso…” Sí bueno, allá tú, pero piensa que un casco no está para protegerte de bichitos volando ni de hojas que van con el viento, sino para salvarte la vida cuando te caigas a más de 20 y 30 km/h. Si en esos casos tu casco tiene una fisura, por pequeña que sea, posiblemente se te rompa y no lo cuentes.

Las calas, sobretodo las de carretera, se van desgastando con el uso tras tanto meter y sacar el pie de los pedales. No te preocupes porque suelen aguantar bastante (más de 8000 km si tienes cuidado), pero no por ello has de despistarte. Cada cierto tiempo échales un vistazo y si ves que se están comenzando a desgastar más de la cuenta cómprate unas de recambio por lo que pueda pasar.

Sillín de la bicicleta. Aunque parezca mentira, los sillines de las bicicletas se van deformando con el uso. No hay un parámetro fijo para determinar cuándo hay que cambiarlos aunque te puedes dejar guiar por algunas señales:

  1. Si entre la punta del sillín y la parte de atrás ves que la parte del centro está muy aplastada y forma una especie de D invertida.
  2. Si no habiendo notado nunca molestias, sientes adormecimiento en las piernas, dolores en la espalda, el nervio ciático, etc.
  3. Si te notas incómodo sobre él.
  4. También he leído que tras haber superado los 15.000/20.000 km es recomendable el cambiarlo.

Las cubiertas. Ya sea en bicicleta de montaña o de carretera, las cubiertas tienen una vida útil. Podemos ver que han llegado a su fin cuando por el desgaste pierdan el dibujo que antaño tenían. Aunque parezca que esté de broma, otros indicadores son que pinches de forma muy habitual o que tengan pequeñas rajas y fisuras.

Carrera a pie

Zapatillas. De las zapatillas se suele decir que tras los primeros 1000 Km pierden su amortiguación. Todo ello depende en gran medida de tu peso corporal, el uso que haces de ellas, si eres consciente de las distancias que recorres, etc. Si no tienes como medir tus distancias, cámbialas cada año o año y medio. Con las zapatillas no te la juegues porque lesionarse es horrorosamente fácil si sales habitualmente. Yo te recomendaría que tuvieses la máxima precaución. Las mías son éstas.

Natación

Gafas natación. Hay que tener mucho cuidado con cómo se cuidan y depositan tras cada uso. Las uses donde las uses habrá mil agentes que las corrompan y debiliten: entre ellos la sal del mar y el cloro de la piscina. Cámbialas cuando tengas la lente rallada, la goma haya cedido o cuando se te cuele agua porque no se puedan sellar bien. Si estás desesperado porque no encuentras unas gafas que funcionen bien yo estoy contentísimo con estas.

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Ricardo Sánchez Baamonde

Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla. En mis ratos libres soy blogger, triatleta popular, redactor en Triatletas en Red y colaborador con el Club Triatlón Isbilya - Sloppy Joe's.

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